No te lo mereces.

Eres más fuerte que el infarto.

Y también eres más fuerte que el coma inducido en el que andas sumida.

Supongo que cuando se está en coma se puede soñar, al menos eso espero, y que no sea un tiempo vacío y negro perdido y nada más.

Sé que eres mucho más fuerte que todo eso.

Así que sueña que seguimos quedando para contarnos qé tal nos va y ponernos hasta el culo de cervezas tras el curro.

Y sueña que me cuentas qué te parece lo que escribo. Una confidencia: eres la única que ha leído las primeras setenta páginas de mi nueva novela. Recuerdo que te dije que estaba un poco atascado, que no sabía muy bien cómo continuarla, y recuerdo que  me dijiste que la acabase, que te quedaste con ganas de seguir leyendo.

Así que hagamos un trato: yo la acabo, pero tú tira palante.

Aún nos quedan muchas cervezas y muchas charlas tras el curro.

Y aún me tienes que contar si te dio tiempo a usar mi regalo de cumpleaños antes de… antes de todo esto.

De pequeño me enseñaron a rezar de una manera. No la he olvidado, pero tampoco siento esa forma de rezar. Supongo que esto es lo más parecido que sé hacer ahora mismo.

Pues sí, este tío se fue a dar la vuelta al mundo y no se le ocurre otra cosa que ponerse a bailar en cada ciudad por la que pasa e involucrando a sus habitantes.

Un vídeo curioso y una bella canción también.

Pequeñas muestras de ingenio e imaginación como éstas hacen que de cuando en cuando me alegre de la existencia de la raza humana. Al final va a resultar que sabemos hacer algo más que odiar, destruir y contaminar.

Todo empezó una noche en el Alemania. Me follaba todo lo que se movía. Era mucho más habitual del Catacumba, pero allí no hay tías, así que me iba al Alemania.

Y sí, me follé todo lo que se movía.

Y un día Arsi me dijo: vamos a tener que buscar sitios nuevos. Aquí te tienen fichado.

Por alguna extraña razón no me puedo conectar a mi blog desde mi casa. Seguiré investigando, a ver qué coño pasa. Al menos sé que no soy el único con ese problema.